El Poder de los Miniobjetivos: Enfocarse en lo Pequeño para Llegar muy Lejos

En todos mis años dedicado al Desarrollo Personal y la Construcción de Hábitos, ha habido dos palabras que considero mágicas: ”Menos y Mini”. Ambas esconden la clave para crecer y construir de manera inteligente, sostenible y sin desesperarse. Pero, desafortunadamente, ni “menos” ni “mini” forman parte de la mentalidad ni diccionario de la mayoría de las personas que se proponen un cambio o fijan un objetivo (en el trabajo, salud, organización, etc.).

Suele asociarse la palabra “objetivo” a grandes metas, implicando grandes cambios y esfuerzos. Sin embargo, los objetivos también pueden ser pequeños, manejables y asequibles, sin perder importancia en el logro de resultados. Enfocarse en partes-fases más pequeñas («mini») para llegar mejor a las grandes.

Se puede llegar muy lejos dando pasos pequeños. Pero la mayoría no lo ven así, y prefieren proponerse objetivos que suenen más atractivos y ambiciosos.

Los Desafíos de los Objetivos Tradicionales

Fijarse objetivos “tradicionales” (más ambiciosos, llamativos y en apariencia sugerentes) suele plantear más complicaciones de los que se aprecian a primera vista. Como por ejemplo:

  • Inalcanzables: Objetivos desproporcionados a nuestras capacidades o recursos.
  • Realizables, pero no Deseados: Lograr el objetivo no se traduce en la satisfacción o resultado esperado.
  • Plazos Irreales: Somos impacientes, queremos atajos y rebajas en los plazos, lo que lleva a expectativas imposibles.
  • Vaguedad: Objetivos poco concretos o ambiguos dificultan el seguimiento y la medición del progreso.
  • Falta de Claridad: Definición deficiente del objetivo, generando confusión e incertidumbre.
  • Desconexión con el Día a Día: Objetivos distantes de las acciones cotidianas («Exactamente, ¿qué vas a hacer mañana por la mañana respecto a ese objetivo?»)

Con Miniobjetivos Despegas y Avanzas

Con el tiempo he descubierto la utilidad de sustituir los objetivos, los más o menos grandes objetivos, los más o menos ambiciosos objetivos, los más o menos inspiradores objetivos, los más o menos deslumbrantes objetivos, por algo más pequeño-asequible-manejable-concreto: son los Miniobjetivos.

Beneficios de los Miniobjetivos

  • Mayor Facilidad: Simplifican el camino hacia el objetivo final, facilitando el progreso y la motivación.
  • Sensación Real de Avance: Al ser acciones diarias y tangibles, se experimenta un progreso constante.
  • Fomentan la Acción: Permiten “pasar de la teoría a la práctica” de forma inmediata y sostenible.
  • Neutralizan la Procrastinación: Al ser más pequeños y estar mejor definidos, reducen las excusas para posponer la acción.
  • Construyen Disciplina: Regularidad, constancia, método… todo eso se puede incorporar a tu vida de la mano de los Miniobjetivos.

Ejemplos de Miniobjetivos

  • Avanzar en un Proyecto que nunca Empiezo: Me propongo trabajar solo en la primera fase del proyecto, y dedico 20 minutos cada día a ello.
  • Fortalecer mi pobre Concentración: Empezaré por crear un rato de diario de máxima concentración. Al comienzo del día durante 30 minutos cierro el correo, apps que no utilizo y pongo el móvil en modo avión.
  • Ampliar mi Dominio de mis Apps: Elijo las dos aplicaciones que más utilizo. Tres días a la semana programo un ratito para aprender un nuevo truco o técnica cada día.
  • Mejorar Forma Física: Me olvido de carreras (de momento) y me centro en crear el hábito de salir. Me propongo caminar durante 30 minutos cada día, durante al menos un mes.

El detalle que muchas personas no ven, es que detrás de un Miniobjetivo viene otro; y luego otro; y luego otro… hasta conseguir lo impensable.

Una Llave que Abre Muchas Puertas

Cuando uno quiere pasar de la teoría a la práctica, convertir ideas o en intenciones en acciones y pasos reales, o empezar de una vez sin caer en el clásico «a ver si encuentro un rato», la mejor estrategia es fijarse un Miniobjetivo, para hoy mismo, para ahora. Y repetirlo hasta la saciedad para después ir sumando otros Miniobjetivos posteriores.

En su simplicidad reside su gran poder: alcanzar grandes metas con pasos pequeños. Permiten convertir objetivos ambiciosos en partes y fases manejables y comprensibles, generando una sensación real de progreso y facilitando el éxito a largo plazo… sin esfuerzos desproporcionados ni frustraciones, de forma gradual y sostenible. Esa es la base del esfuerzo inteligente que buscamos.


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