«El nuevo coeficiente intelectual es la Atención». La frase no es mía, sino del profesor y divulgador Gregorio Luri, sacada de esta interesantísima entrevista. Y no puedo estar más de acuerdo con él y con todo lo que esa frase representa. Tenemos un problema creciente (y descontrolado) con la falta de Atención. Niños y adultos. Que no solo afecta ya a los resultados, la “productividad” o la “gestión del tiempo”, sino a nuestra capacidad para vivir y relacionarnos.
Los enfermos de la Atención
Cuando hace casi quince años me acerqué por primera vez a la Productividad Personal, yo era un enfermo del tiempo. No tenía tiempo, me faltaba tiempo, no sabía gestionarlo. Ahora, además de ese enfermo del tiempo, tenemos otro tipo nuevo: el enfermo de la Atención. Su principal síntoma es la incapacidad para estar en lo que está, para hacer una sola cosa, y centrarse en ella para poner todas sus habilidades y conocimiento o, sencillamente, para disfrutarla. Porque ya no es solo una cosa del trabajo.
Así es. Cuando hace años algunos de nosotros empezamos a escribir o llamar la atención sobre cosas como las Distracciones, las Interrupciones o la Multitarea, nos referíamos mayoritariamente al ámbito del trabajo, la oficina, los proyectos, las tareas diarias… Hoy, la falta de Atención se ha descontrolado y también está presente en tu vida personal, familiar, tu descanso, tus aficiones…
¿Quién manda realmente sobre nosotros?
Oficialmente mandan cosas como las prioridades, los objetivos, los proyectos, también los sueños y las metas. Pero en la vida real, en la práctica diaria, mandan las Distracciones y la Multitarea. Y lo hacen con abrumadora superioridad. De la mano del subconsciente y los malos hábitos (o la falta de ellos) están ganando la batalla. A niños y adultos. Porque ya el trabajo, el estudio o el tiempo libre, es eso que hacemos cuando las Distracciones y las Interrupciones nos dejan. Ellos marcan nuestro ritmo de vida, lo que hacemos o lo que dejamos de hacer, lo que empezamos y dejamos. Vivimos y trabajamos a tirones. Empiezo-paro-retomo-paro-reinicio-vuelvo a parar. Y así un día y otro y otro.
Y esa falta de Atención afecta a casi todo lo que hacemos y cómo lo hacemos:
- Las tareas se vuelven más complicadas; también se alargan más. Cada día la lista de tareas se hace más cuesta arriba.
- Se nos escapan detalles, oportunidades o situaciones que tenemos delante.
- Trabajamos en estado de pre-alerta constante. Ya que si llega algo nuevo, lo que sea, tenga prioridad o no, ya saltamos a ello.
- Vivimos las cosas a medias. Momentos personales o familiares irrepetibles, o sencillamente cotidianos pero igualmente bonitos, terminan empañados porque yo y los demás estamos mirando una pantalla.
La superficialidad y precipitación que nos contagian las Distracciones y la Multitarea, hacen que cada vez hagamos cosas con menos calidad, detalle y precisión. Y que vivamos todo de forma intermitente.
Que la Atención sea una prioridad. De verdad.
El nuevo coeficiente intelectual es la Atención. La Atención primero, y la Concentración después, es lo que hace que el resto de tus cosas funcionen. Todo lo que tienes y eres (estudios, conocimiento, experiencia, creatividad, análisis…), trabaja a pleno rendimiento y como un equipo cuando estás atento y concentrado. Si no, solo son un grupo de cosas que van a su bola, por separado.
He escrito este artículo a sabiendas de que muchas personas lo verán como una reflexión “interesante”; que al terminarlo otros cogerán el móvil para mirar el Correo o su Whatsapp casi impulsivamente; y que otros se encogerán de hombros y dirán con resignación «sí, este hombre tiene razón, pero ¿qué se puede hacer?» Pues mucho. Todo.
La capacidad de Atención es algo que se puede entrenar si tienes prioridades y quieres que sean prioritarias, si quieres tomar el control de tu trabajo, si quieres pilotar tu vida de forma diferente. Es una cuestión de Hábitos personales.


