6 cosas que he ganado al dejar la ciudad e irme a vivir al campo

Hace casi un año que dejé la ciudad para irme a vivir al campo. Y ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. La verdad es que yo siempre he sido de ciudad. Me encanta. He vivido en grandes ciudades y además en varios países… pero siempre me había atraído el campo.

Exterior de mi Casa

El caso es que siempre, por algún motivo (generalmente trabajo), nunca había pasado de ser esa idea con la que juegas en tu cabeza, porque te seduce desde la lejanía.

Pero finalmente dimos el paso. Encontramos una preciosa casa a las afueras de Gijón, en pleno campo, y yo y mi familia nos mudamos. Tenía unas cuantas reticencias y dudas. Normal ante un cambio así («¿Me agobiaré con tanta soledad?»).

No me arrepiento. Todo lo contrario. ¡Qué gozada!

Dejando a un lado los cambios de vida más obvios (no tienes una farmacia al lado de tu portal), yo he experimentado una transformación personal que no me esperaba. Sabía que algunas cosas me cambiarían… pero no tanto.

Me apetecía compartirlas contigo. No sé… porque desde siempre he sentido ese impulso de compartir con los demás las cosas buenas que le pasan a uno.

Lateral de mi casa

Además de dejarte por aquí algunas fotos del entorno en el que ahora vivo, estos son algunos de los beneficios de mi nueva vida en el campo:

  • 1Descanso y desconexión con mayúsculas
    Dormir todos los días en el más absoluto silencio. Leer una novela tirado en una hamaca sin ruido de tráfico. Respirar aire puro mientras cierras los ojos y notas el viento. Mi Descanso ha disparado su calidad. Y hablo de los cuatro descansos que tenemos todos: descanso durante la jornada de trabajo (las pausas); descanso al final del día; descanso nocturno; y descanso de fin de semana. Aquí en el campo todo eso se ha multiplicado. Y la primera que lo nota es mi mente.
  • 2Menos horas de trabajo y de más calidad
    ¡Ahora trabajo menos! Y creo que mi trabajo ha ganado calidad. Y algo importantísimo: yo disfruto más de lo que hago. Más que cuando empecé con esto hace más de 8 años. Y creo que es por estar más descansando, por tener la mente más clara, por notar más esos ratos de desconexión. Empiezo el día muy pronto y más enchufado, lo que me permite trabajar solo por las mañanas y dedicar el resto del día a la familia, hacer la compra o bajar al puerto a mi barco. (Realmente estamos a 10-12 minutos de la ciudad.)
  • 3Un (nuevo) hobby que me regenera: la jardinería
    Tenías que verme con mi cortadora de césped y mis tijeras de podar. ¡Qué arte! No, en serio. Es una inesperada afición que me encanta. Aunque para los trabajos grandes contratamos a profesionales, el mantenimiento regular lo hago yo. Segar, podar, recortar, recoger… me entretiene y me ayuda a tener la mente limpia. Aprovecho esos momentos para revisar mi día/semana de trabajo, para darle vuelta a nuevos proyectos o, sencillamente, para no pensar y estar presente en el momento. Ese «mindfulness» del que tanto se habla ahora.
  • 4Menos dependencia de las pantallas e Internet
    Quizá porque hago más vida fuera, porque tengo otros estímulos nuevos, o porque aquí siempre hay algo que hacer en algún rincón, estoy menos pendiente de lo que «pasa en la pantalla». (También el hecho de tener una conexión de solo 8Mb seguro que influye.) Consumo menos Internet y sufro menos «infoxicación». Y vivo mejor. Lo que me recuerda lo que siempre he defendido: las mejores cosas de tu vida no pasan frente a una pantalla.
  • 5Más diversión y nuevos ratos de juego
    Después de escribir artículos y guiones, de preparar cursos y guías prácticas, de planificar seminarios y talleres, ¡qué mejor que salir fuera a hacer el loco con mis perros! Tengo tres y lo paso bomba jugando con ellos, tirándome por la hierba o peleando con sus juguetes. Y algo que me encanta: recorrer mi finca con ellos caminando a mi lado, haciendo inspección de todo. Luego, con la mente despejada, puedo volver a mi despacho y seguir trabajando. (Hay más cosas, lo de mis perros es solo un ejemplo.)
  • 6PAZ
    Será que ya voy teniendo unos años… pero adoro la tranquilidad de esos momentos en los que no pasa nada. Y aquí en el campo asturiano hay montones de ellos. Poder coger una taza de café, sentarme en el porche de casa, mientras mis perros descansan a mis pies; y yo contemplo cómo el viento mece los árboles, o cómo el «orbayu» empapa el prado de casa. Sí, lo puedo decir en alto: vivo en Paz. Y doy Gracias.

Parte exterior de mi casa

Tengo algo muy claro: no estaría donde estoy si no fuera por mi propia Gestión Personal; por haber tomado el control de mi vida, por pilotarla como yo quiero. Dicho de otro modo: por aplicarme todo lo que enseño a otras personas.

Este es el estilo de vida que quería.

Mi mayor éxito personal NO es haber conseguido lo que un día me propuse, sino tener LIBERTAD para elegir lo que hago, dónde estoy y con quién estoy. Al final he entendido que esto no va de lo que tienes sino de cómo lo vives. Y me ha llevado muchos años llegar aquí.

Algunos me dicen que tengo «suerte», pero en realidad esa suerte son toneladas de trabajo e intención: sumar aciertos y sobre todo fracasos, tener claro hacia dónde voy, y por encima de todo ACTUAR.

Gracias por dejarme contarte mi pequeña historia :-)


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