El Día que descubrí el Tesoro de Preparar el día Anterior

Cuando hace años me empecé a interesar por la Productividad Personal, uno de los dos primeros hábitos que puse en marcha fue el de planificar todos los días. Pero rápidamente me pregunté cuándo debía hacerlo: ¿al empezar o al terminar?

Yo había planificado antes. Claro. Recuerdo hacerlo hasta con diez años. También en mi primer trabajo. Y en el segundo y en el quinto. Pero aquello no era una planificación inteligente, era más bien una lista de la compra. Y las veces que lo había hecho en el pasado, siempre lo había hecho al empezar el día: «déjame ver qué tengo que hacer hoy».

Por eso cuando me quise poner en serio con este hábito, me chocó bastante lo que me proponían. Porque comprobé que casi todo el mundo recomendaba hacerlo el día antes, como última tarea del día antes de dar por cerrado el día de trabajo. Así que mi pregunta fue inmediata: «¿por qué hacerlo el día anterior? ¿Qué gano yo con eso?»

Muy pronto encontré la respuesta. Las respuestas.

Puedo echar la vista atrás y resumir el día con más facilidad

Al final del día todo está muy reciente y fresco. Tengo la perspectiva necesaria para echar la vista atrás y repasar las cosas que no he hecho, las que he retrasado, lo nuevo que ha entrado, alguna petición de última hora, etc. Ahora bien, como dé por terminado el día, me vaya a casa o al cine o de cena, y luego a dormir, sé que mañana muchas de esas cosas se habrán “enfriado”.


Es el mejor momento para una tarea que en sí no es una tarea

Planificar, en sí, no es hacer mi trabajo, sino disponerlo todo para hacerlo bien. Así que si utilizo la primera hora del día (cuando yo más y mejor rindo) para hacer eso, estaría desaprovechando mi capacidad y habilidades en algo que en sí no es avanzar. Dado que siempre hay un momento para cada tarea, y una tarea para cada momento, voy a intentar hacer la planificación a su justa hora.


Me permite esquivar al Email como primera tarea del día

Yo antes siempre chequeaba el Email al empezar. Fue un mal hábito del que me desprendí, entre otras cosas, planificando el día antes. Porque cuando empiezas y no sabes qué hacer, ¿a dónde crees que vas? ¡Exacto! Al lugar mágico donde siempre ocurren cosas: el Email. De esta manera evito despistarme y desviarme con muchas cosas que pueden esperar más de lo que aparentan.


Puedo empezar con más intensidad y ritmo porque tengo un rumbo claro

Si desde ayer tengo decidido qué voy a hacer, qué no voy a hacer, y sobre todo qué 2-3 tareas voy a hacer al empezar el día, no dudo al llegar. Empiezo directamente por la primera tarea, que además es la más importante. Aprovecho, desde el minuto uno, el momento en el que yo sé que doy más de mí. Y, claro, empiezo a conseguir cosas casi desde el minuto uno.

No es sólo planificar. Sino cuándo planificas.

Mucha gente cree equivocadamente que los hábitos productivos son algo que requiere un esfuerzo y una disciplina para los que pocos están preparados. No es para tanto. Muchas veces sólo consiste en hacer cosas sencillas en ciertos momentos. Y, eso sí, repetirlo y repetirlo.

Yo odio planificar. Nunca me ha gustado. Pero lo hago escrupulosamente cada día (y cada semana) porque facilita mi trabajo, y alivia muchas de mis carencias y flaquezas. Para mí es una herramienta que me hace mejor. Una herramienta imprescindible.


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