Piensa ahora en el día en el que te incorporaste al equipo en el que estás. Y si ahora no trabajas en equipo, intenta recordar la última vez que lo hiciste, el día que empezaste. ¿Ya estás ahí? ¿Lo estás visualizando? Intenta rememororar los detalles…
Piensa sobre todo en el primer día, la bienvenida, comentarios, instrucciones y pautas que te dieron. Tal vez tu jefe, compañeros… ¿Lo tienes ya? Pues seguramente fue algo parecido a esto que viene ahora…
¿Verdad que esto no es así? ¿Por qué cuando llega alguien nuevo a un equipo asumimos que ya sabe trabajar en ese equipo? Que porque tiene un buen currículum, o ha trabajado en numerosos equipos, o incluso los ha dirigido, ya conoce los detalles, hábitos y normas que marcan el listón productivo de ese colectivo.
Ya puedes fichar al mejor músico o jugador del mundo, que NO te dará el máximo desde el minuto uno, necesitará tiempo para adaptarse al resto de la orquesta o del equipo. Y cuanto antes y mejor se lo transmitas, antes y mejor te dará todo lo bueno que ella o él tienen.
Define vuestra Cultura Productiva
Aunque cada vez más empresas y equipos lo hacen (yo por mi trabajo lo veo), esa «bienvenida productiva» que he esbozado antes sigue siendo un cuento de hadas. Y no se hace por una razón muy sencilla: la gran mayoría de los equipos no tienen definida esa cultura interna. No está hablado y decidido internamente. No se aprende, ni se mejora ni se corrige, ni se cuida ni se potencia ni se fomenta. Simplemente seguimos un horario aferrados al «trabajar duro y echar horas». Eso… hace años que dejó de funcionar.
Si eres emprendedor, directivo, jefe o manager y llevas un equipo, mi consejo sería este: empieza a trabajar en vuestra Cultura Productiva. Sea la que sea; con los hábitos, método, estilo y rutinas adaptadas a vuestras necesidades y objetivos. Lo que sea que vosotros decidáis… Pero ¡tened esa cultura! y transmitídsela a los que lleguen después.
Ya no basta con trabajar duro. Hay que hacer un esfuerzo intencionado para hacerlo mejor que ayer.