Bloques de desconexión: tiempo de calidad

Cada vez que comparto más hablando de Productividad con otros profesionales me doy cuenta de la necesidad que tenemos de encontrar «tiempo de calidad». En ese afán por estar cada vez más conectados disfrutamos a la vez de menos tiempo (momentos, ratos o bloques en la agenda) a solas para hacer cosas importantes.

Nos levantamos por la mañana y comenzamos una carrera en la que hacemos, hablamos y nos movemos a un ritmo frenético. Si no, recorre por un momento en el tipo de agendas en las que habitamos: Email, distracciones, interrupciones, reuniones, móvil, redes sociales, blogs, comunicación constante… En esa espiral que crece y crece apenas tenemos 10 minutos de desconexión o cierta soledad. Hay montones de cosas que nos llevan en mil direcciones y a la vez en ninguna.

Fíjate si no en el bombardeo: montones de inputs externos que vienen vía Internet, por teléfono, por televisión o de las personas que nos rodean. Montones de (sobre)información que cada vez cuesta más absorber o filtrar (la basura de lo útil). Montones de tareas que intentamos hacer a la vez (multitarea). Montones de actividades que hacemos por pura inercia y casi sin ser conscientes del momento. Montones de momentos que compartimos con otros sin tener momentos que compartimos con nosotros mismos.

Hay tanto desde tantos sitios que conseguir tiempo de calidad para pensar y hacer lo importante se ha convertido en una misión cada vez más complicada. ¿O no tanto?

Hace tiempo que me planteé esto y casi inmediatamente decidí que necesitaba encontrar y hacer sitio para ese «tiempo». La respuesta la encontré en los bloques de desconexión. Son espacios de tiempo en tu día en los que estar en soledad y en la más absoluta desconexión… con todo y con todos.

La palabra «bloques» se refiere a la agenda: bloquear (y asegurar) momentos o ratos en mi día o mi semana para lograr eso. Y la palabra «desconexión» se refiere precisamente a eso: a cortar el cordón umbilical con tanta comunicación e input que proviene de otros.

Con el paso de los años, y sobre todo la práctica, he descubierto que procurarse estos bloques de desconexión tiene sobre todo tres grandísimos beneficios:

Sirven para invertir tiempo-y-atención en las tareas Clave. Las tareas de máximo valor que más resultados te dan. Tareas exigentes que requieren intensidad, creatividad, ritmo, atención y lo mejor de ti. Ese tiempo de calidad precisamente va destinado a las tareas que dejan huella, a las tareas inolvidables.

Sirven para aumentar la velocidad y eficiencia de trabajo. Dado que durante estos bloques no existen distracciones e interrupciones, tú trabajas más y mejor. Esto es grandioso cuando estás en la recta final de un proyecto, te enfrentas a una fecha de entrega a la vista o te han asignado una tarea imprevista para hacer ya mismo.

Sirven para pensar (un hábito cada vez más perdido). Esa «desconexión tranquila» facilita el nacimiento de pensamientos e ideas que precisamente son la gasolina para tus acciones. Si no reflexionas ni hablas contigo te estás perdiendo una parte fundamental de tu vida.

Esos bloques, de 10 minutos ó 2 horas, valen el doble que otros momentos de trabajo o personales. Es tiempo de más calidad. La ausencia de ruido, estímulos externos y de distracciones a tu alrededor, hace que hagas más y mejor. Es tiempo en el que tú haces o piensas más intensamente. Veinte minutos en desconexión cunden como cuarenta. Una hora cunde como dos. Merece la pena hacer el esfuerzo de conseguirlos. Hoy más que nunca.


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