La Trampa de los Minicompromisos en la que cae la Mayoría

«Cada vez tengo más cosas que hacer y menos tiempo». ¿Te suena la frase? A mí me la dicen con bastante frecuencia. Hoy en día, reina el «haz más cosas», el «suma todo lo que puedas», el «prueba todo lo que salga», o el «lo que ya tengo no me llega». Con nuestra descontrolada tendencia a saturar, estamos cavando una tumba virtual.

Nuevos proyectos, nuevos servicios, nuevas aplicaciones, nuevas colaboraciones, nuevas actividades, nuevos compromisos… Cada vez llaman a tu puerta más nuevas cosas, de ahí que saber decir “no” sea cada día que pasa más importante si cabe.

Hay cosas que por su magnitud y exigencia las ves venir. Cosas como grandes proyectos o nuevos compromisos que requieren de ti mucha energía y mucho tiempo. Ante ellos es bastante fácil decir no porque rápidamente comprendes lo que exigen. Pero, ¿qué pasa con los minicompromisos que te proponen o te propones? Ahí tenemos un coladero.

¿Dónde está la trampa?

Si yo te doy un piedra de diez kilos y te digo que la pongas en la mochila que llevas a la espalda, es muy posible que me digas «no puedo cargar con más peso, ya llevo demasiado». Pero si pongo una piedrecita de unos pocos gramos seguramente no te importe. Y como es poco peso, mañana pongo otra, y otra, y otra más. Dentro de unos meses el dolor será indescriptible.

Los minicompromisos son pequeñas actividades o proyectos, enmascarados en forma de minúsculas tareas o rutinas que nos comprometemos a hacer y repetir sin darnos cuenta de lo que representan y lo que nos quitan.

Parece pequeño, sencillo, minúsculo, casi inapreciable. Aparenta ser inofensivo, poco voluminoso y nada exigente. Así que lo aceptas porque hacerlo no supone esfuerzo alguno. Todo se desencadena con un sencillo clic, un rápido «ok», o un «¿por qué no?».

Pero cada “inofensivo” minicompromiso tiene un precio: exige energía, tiempo y atención. Puede que te parezca poco. Pero en el fondo suma y suma y suma y suma y suma. Al final somos la consecuencia de nuestras pequeñas decisiones. De esas a las que cada vez les concedemos menos importancia.

Caemos en la trampa de (tantos) minicompromisos porque actuamos guiados por modas pasajeras. Porque no sabemos lo que queremos, y entonces elegimos mal. Porque creemos que más es mejor, que saturar es el camino para mejorar. Porque tenemos miedo a perdernos cosas. Porque somos impulsivos, carecemos de dominio de nosotros mismos. Y porque cada vez corremos más y pensamos menos.

Los pequeños compromisos, por minúsculos que sean, se suman a lo mucho que YA tienes que hacer cada día. La saturación está más cerca.

¿Cómo aligerar peso?

Algo que siempre animo a hacer a los alumnos de mi curso online es revisar de manera periódica todas las cosas que están ahí, muchas veces sin darnos cuenta. Este ejercicio de evaluación y auditoría personal, persigue hacerte consciente de todas las cosas con las que cargas (cada día, cada semana, cada mes), para poner el foco en los minicompromisos, que muchísimas veces pasan inadvertidos. Actividades, proyectos, colaboraciones, tareas… compromisos con uno mismo o bien con otras personas.

Paso 1
Abre y revisa dos herramientas con las que organizas toda tu actividad: a) tus listas de proyectos y tareas; y b) tu calendario, tu agenda.

Paso 2
Recorre estas tres grandes áreas en busca de compromisos y sobre todo minicompromisos:

  1. Tu actividad Profesional: proyectos, tareas, colaboraciones, etc.
  2. Tu actividad Personal: aficiones, actividades, voluntariado, etc.
  3. Tu actividad Familiar: niños y colegio, deberes, actividades de fin de semana, etc.

Así, con todo eso delante, podrás empezar a decidir (elegir) qué compromisos y minicompromisos quieres mantener. Y cuáles necesitas eliminar o reducir. Porque no siempre todo pasa por eliminar, a veces hay que reducir. Ojo, es fácil ver y soltar las piedras gordas. Pon el foco en los minicompromisos. Ahí tienes muchísima carga que aligerar.

Nuestra capacidad para centrarnos y conseguir cosas importantes corre peligro. Esa saturación a la que casi todas las personas tendemos, no sólo hace desbordar listas de tareas y agendas; sino que nos desvía de los objetivos que más queremos y desangra tu energía y tiempo. Mucho. No subestimes estas pequeñas cosas. Yo lo hice durante mucho tiempo y sin saberlo pagué un alto precio.

No te quedes aquí, descubre más...

Sobre el Autor

Artículo escrito por Berto Pena. Mi misión es ayudarte a que trabajes de forma eficaz y a que tomes el control de tu vida. Con hábitos y recursos inteligentes, vas crear, como hice yo, una versión mejorada de ti. En este Blog te cuento cómo...

Oscar Torres - 9 mayo 2014

Excelente articulo, me encanto la ilustración de las piedrecillas, muy aplicable para todos. En mi web hablo de llevar una vida sencilla, simplificada sin duda he aprendido mucho aca con el maestro Berto.

    Berto Pena - 11 mayo 2014

    Muchas gracias Óscar! Casi todos tenemos tendencia a complicar y saturar. Es algo innato y los tiempos que corren empujan a sumar y sumar. Simplificar es clave, pero cuesta. A mí me costó y me cuesta. La clave es tener un porqué claro, que tire de ti :-)

JC - 9 mayo 2014

Berto, sin duda este uno de los temás difíciles en nuestro manejo cotidiano. Involucra hábitos, como el saber decir que “NO”, manejo de prioridades, y sobre todo la fortaleza de carácter para tomar la decisión.

El tema me recuerda mucho a la recete de como hervir una rana. Le subes el calor de a poco. Y muchas veces sin querer nosotros mismos nos subimos innecesariamente el calor de la hornalla.

Como siempre, un gusto leerte. Un abrazo!

JC
http://www.comomeorganizo.com

    Berto Pena - 11 mayo 2014

    Justo JC! Ese saber decir “no” es cada vez más importante. Y ojo, empezando por uno mismo: hay que saber decirse no a uno mismo. Y en las cosas, tareas y activades pequeñas, solemos fallar.

Rafa García - 9 mayo 2014

Precisamente hoy, Berto, me preguntaron en una formación por un caso muy similar al que tú describes.
Hablamos de un puesto administrativo.
Me llegan del orden de 150 correos diarios. Cada uno de ellos representa una microtarea. De digamos entre 10, 15, 20 minutos como mucho. Del estilo de reserva un hotel, gestiona un viaje, prepara un envío y cosas por el estilo.
Me decía la afectada: si me pongo a procesar (GTD), entro en un bucle permanente de procesado porque según he vaciado mi bandeja de entrada, ya están entrando los siguientes. ¡¡Y no habría hecho las tareas!!
Lo que le he propuesto hacer va muy en línea con lo que tú planteas. Vamos a estudiar toda esa colección de correos, aplicar reglas (esas que tú siempre defiendes), delegar y borrarnos de suscripciones o cualquier otro lío prescindible en el que estemos metidos.
Tu ejemplo de la piedra grande y las piedras pequeñas -aparte de la reminiscencia del cubo de Stephen Covey-, suena parecido al de la rana que espera pacientemente a que el agua hierva y acabe cocida sin darse cuenta. Es muy bueno. Se lo contaré a esta persona para que visualice la situación y actúe.
Saludos

    Berto Pena - 11 mayo 2014

    Gracias Rafa :-) Creo que no llegamos a calibrar todo el peso que arrastramos. Pademos y nos quejamos de las consecuencias, pero muchas veces nosotros somos la causa de esa saturación.

Flames - 13 mayo 2014

“La clave es tener un porqué claro, que tire de ti.”

Tan fácil…. tan difícil….

Me recuerda la frase de EL SACRIFICIO de Tarkovski: “…en el principio era el Verbo…¿por qué papá…?”

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