5 estrategias de engaño para ganar Productividad

Publicado por Berto Pena, el 20 septiembre 2011

Siempre hemos escuchado que no es bueno engañarse a uno mismo… o tal vez sí. Porque hay determinados momentos en el trabajo en los que la mente está en nuestra contra y nos inmoviliza en forma de bloqueo productivo. Sin embargo, hay unas cuantas fórmulas para esquivarla y terminar las tareas.

La gran mayoría de los bloqueos productivos que padeces son ficticios. Es tu mente la que, actuando como una “sucia mentirosa”, tiende a magnificar y distorsionar el trabajo o la tarea que tienes delante. Esgrime toda una batería de argumentos en contra, o bien uno solo tan apabullante que lo único que te hace hacer es darle vueltas a las cosas en lugar de hacerlas. Si no, fíjate por ejemplo en estos dos clásicos casos:

  • Procrastinación a la vista: «Uff, ¿tener que hacer eso ahora? Es un montón y no me apetece. Mejor lo dejo para mañana, seguro que lo termino».
  • Lista de tareas kilométrica: «Uff, tengo un millón de cosas qué hacer. No voy a poder con todo… ¿por dónde empiezo?»

Al final, sea tu mente o tú (sois lo mismo), te engañas, te bloqueas, no avanzas PERO el trabajo sigue delante, esperando por ti. Y recuerda algo que a mí siempre me ayuda a actuar: «El trabajo siempre espera hasta que yo no llegue».

Estrategias de engaño para hacer

Soy argumentos o frases que te dices a ti mismo como forma de superar un bloqueo productivo ficticio o exagerado. Si tu mente te invita a quedarte parado o mirar para otro lado, tú contraatacas con otro argumento que te hace verlo de otro modo. Ese argumento cambia tu punto de vista. De forma que simplifica la situación, resta dramatismo, te anima y te empuja a empezar y a hacer. Porque en esos bloqueos, lo único, lo único que necesitas es arrancar. Cuenta el primer gesto.

Pereza o desgana

Síntoma: Te enfrentas a una tarea que no te apetece en ese momento. Estás a un paso de posponerla para mañana o la semana que viene. La Procrastinación llama a la puerta.

Estrategia: «No me apetece hacerla entera pero al menos sí que puedo hacer un trocito. Voy a trabajar en ella sólo 10 minutos. Aunque no me apetece nada, total 10 minutos no es nada. De hecho casi me he pasado cinco minutos dudando si hacerla o no. Venga, 10 minutos, luego paro y veo qué tal».

Indecisión

Síntoma: Te han encargado una tarea pero no tienes muy claro cómo hacerla, por dónde empezar o a dónde quieres llegar. La has retrasado reiteradamente y sigues mirándola de reojo sin saber si empezar o cómo hacerlo.

Estrategia: «Sigo sin tenerlo claro pero al menos voy a abrir la aplicación. Empezaré sólo anotando lo que me han pedido, algunas ideas generales en forma de frases y luego hago un diagrama o un mapa mental para organizarlo. Eso sí que puedo hacerlo».

Inbox a rebosar

Síntoma: Abres tu aplicación de correo y tu Bandeja de Entrada está a tope (como un centro comercial en rebajas). Desesperación e indecisión. No sabes por dónde tirar o qué hacer.

Estrategia: «Voy a hacer una lectura rápida pero sólo contestaré a los imprescindibles. No pasa nada si dejo emails sin contestar hasta la tarde. No todos los emails son iguales. Responderé a los 5-8 importantes y volveré a mi lista de tareas para hacer trabajo de verdad».

Tareas complejas

Síntoma: La tarea que tienes delante es tan grande y exigente que te desanima. No sabes cómo meterle mano, por qué parte empezar o, si sencillamente serás capaz de terminarla. Y te quedas mirándola a ver si ella sola muta por sí misma.

Estrategia: «No tengo que empezar de principio a fin. No tengo que ir “de 1 a 10” o “de la A a la Z”. Voy a empezar por la parte más sencilla, la que me apetezca más o la que domine. Luego ya iré viendo».

Lista de tareas enorme

Síntoma: Hay tantas cosas que hacer por delante que la sola visión de tu lista te bloquea y te desanima. Algo que experimentamos especialmente los lunes.

Estrategia: «De mi lista de tareas voy a elegir sólo tres tareas y las voy a anotar en una nueva lista que llamaré la Lista B. A partir de este momento sólo tengo que hacer esas tres cosas. Primero una, luego otra y después la tercera. Al terminar elegiré otras tres».

Son estrategias de “engaño” porque sirven para burlar a una mente bloqueada. El denominador común de todas estas estrategias es cambiar tu punto de vista para encontrar la chispa que tire de ti para empezar… y terminar. Porque en estos bloqueos mentales (que no productivos) lo único que necesitas es el primer impulso.

Artículo escrito por Berto Pena. Mi misión es ayudarte a que trabajes de forma eficaz y a que tomes el control de tu vida. Con hábitos y herramientas inteligentes, vas crear, como hice yo, una nueva versión mejorada de ti. En mi Curso Online te cuento cómo hacerlo...

 
 

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De momento hay 16 comentarios ¿Quieres dejar el tuyo?


  1. Sansa

    20 septiembre 2011

    ¡Qué difícil es engañarte a ti mismo!

    Estoy de acuerdo contigo en que estos trucos son la manera de desbloquearnos porque hay algo que es una verdad absoluta.

    Si no hay tiempo o medios suficientes, algo se quedará por hacer… si la certeza de este hecho nos bloquea, todo se quedará por hacer.

    De nosotros depende elegir si hacemos parte o nada.

    Gracias como siempre Berto.

    • Berto Pena

      21 septiembre 2011

      Claro que sí. Con la facilidad que te bloqueas puedes desbloquearte si sabes qué teclas tocar. A mí este “diálogo interno” con estos argumentos del post me ayuda mucho. Me pongo las pilas. Al final, termino lo que tengo que hacer y disfruto más del ocio.

  2. niralip

    20 septiembre 2011

    Ahora mismo me lo imprimo y me lo cuelgo bien a la vista!
    Gracias otra vez.

  3. Asier3d

    20 septiembre 2011

    Yo hago esto desde hace tiempo porque soy un campeón de la procrastinación. Veo una mosca volando y dejo todo, pero con “Things” (o similar) y estos trucos voy mas tieso que una vela. El truco es dividir. Divide y vencerás!

    Aunque ya lo practico, siempre esta bien cuando lo lees desde el pùnto de vista de otro. Muy buen post!

    • Berto Pena

      21 septiembre 2011

      A mí me encanta dividir. Cuando lo desmenuzas todo te quedas sin argumentos para dejarlo para mañana. Salvo que directamente quieras vaguear.

  4. Iago Fraga

    20 septiembre 2011

    Si es que a veces somos como niños: hay que auto-controlarse como si nuestras ganas de procrastinar fuesen como una rabieta. Porque lo más curioso es que la bola crece. Cuando te acabas de consentir el que “hoy no haré eso, lo dejo para mañana” lo inmediatamente siguiente es imaginarte si “puedes dejar todo para mañana” mientras que a veces con ponerte un poco de música o ver de que va el tema para perderle el miedo basta como bien señalas para introducirse, que es la única barrera real que hay que rebasar.

    Un saludo!

    • Berto Pena

      21 septiembre 2011

      Tienes toda la razón, la bola siempre crece y siempre va más. Del mismo modo que puedes acostumbrarte a desbloquearte (saber cómo hacerlo), puedes acostumbrarte a apalancarte y dejarlo siempre todo para mañana.

  5. Eri

    21 septiembre 2011

    Gracias Berto, tus estrategias son muy útiles, las pondré en práctica ahora mismo. Saludos!!!

  6. Mauro Muraca

    22 septiembre 2011

    Excelente artículo Berto, desde hace mucho tiempo leo tu blog y tienes muy buenas ideas.
    Ahora tengo una pregunta, estos métodos, los recomiendas para hacer tareas mas arduas y largas como estudiar para un examen universitario? o recomendarías otras cosas?.

  7. Natalia Blanco

    22 septiembre 2011

    Están geniales estas estrategias. Yo utilizo algunas de ellas porque son muy útiles para hacer las cosas y no dejarse llevar por la pereza. Pero también me ayuda mucho acordarme de mi madre, que es como mi psicóloga particular, que siempre me dice: desecha la pereza, hija!
    Muchas gracias y saludos!

  8. Rauldm

    23 septiembre 2011

    A mi me pasa sobretodo cuando no tengo muchas cosas que hacer… Si voy desbordado o tengo un deadline proximo me consigo poner bastante, e irme a casa con la satisfaccion de, joder como he currado hoy.

    El problema es cuando no hay prisa, no hay presion.. Entonces todo se retrasa y acumula…y el problema es que muchas veces, no hay prisa hasta que la hay o luego te arrepientes…sobretodo en mi mundo (investigacion) donde si te duermes alguien te pisa el curro… En fin que soy un desastre…jejeje

    Gracias por los consejos Berto!! Mañana empezaré a ponerlos en practica

    • Blablabla

      24 septiembre 2011

      Jejeje, me pareció sarcástico esa frase del final: “Mañana empezaré a ponerlos en práctica”…

      • rauldm

        26 septiembre 2011

        sarcástico por?? no era mi intención para nada eh!!

  9. cualquiera

    24 septiembre 2011

    Vaya por delante que comparto tu mensaje al 100% y yo siempre me aplico la frase de que una largo camino empieza por el primer paso.
    No obstante comentar que “El trabajo siempre espera hasta que yo no llegue” Cuando trabajas en una gran empresa te das cuenta que esto es mentira y esa es la razón de que muchas personas dejen las cosas para otro momento porque saben que seguro aparece otra gran idea, otra prioridad o cualquier cambio que hace que esa tarea que era tan importante quede en el olvido. A mi me pasa que hago muchas tareas que después quedan en el olvido o no sirven para nada (pero no me importa, con el paso de los años he conseguido desarrollar una estrategia para que estas cosa no me frustren)

    • Berto Pena

      25 septiembre 2011

      No entiendo bien lo que quieres decir. La frase “el trabajo siempre espera hasta que yo no llegue” significa que el trabajo no se hace solo. Hasta que yo no me ponga las pilas, me sacuda la tontería mental y mueva el culo, el trabajo seguirá ahí sin hacerse. Esta obviedad es de las primeras cosas que olvidamos en el día a día. De eso trata este post.

  10. Berenice

    26 septiembre 2011

    ¡Los consejos son muy útiles!
    Recuerdo que muchas situaciones que planteas (por no decir todas) me sucedían a menudo. De un tiempo para acá he tratado de cambiar mi mentalidad y ¡funcionó!

    Empecé por “adiestrarme” (ya sé, se escucha muy mal, pero no lo puedo definir mejor) Cuando terminaba en tiempo y forma algún proyecto, me recompensaba con algún detalle que me hiciera sentir bien y que me invitara a seguir con las demás cosas: alguna llamada con un ser querido, algún bolígrafo, fragancia para la oficina, etc. Poco a poco me acostumbré a trabajar bien y sobre todo a disfrutarlo.