Desde luego, no he visto cosa con menos glamour que esto. La apertura de la tan esperada tienda de Apple (de las consideradas flagship, como la de Regent Street en Londres) en la Quinta Avenida de Nueva York. El cubo negro que durante tiempo ocultó su secreto por fín accede a desvelarlo. Respiraciones contenidas, corazones que se ralentizan…
Y los operarios, subidos a una grúa, se pasan minutos y minutos despegando a tirones la cubierta plastico-plasticosa del cubo de cristal. Empiezan dos, a ritmo de hormiguita, tarea milenaria… y finalmente terminan unos cuantos. La espera mereció la pena, el resultado es espectacular. Pero, ¿dónde quedó la emoción y la sorpresa de destapar el velo a lo David Copperfield?



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